LA PIEL DEL NIÑO: ¿CÓMO SE DEBE CUIDAR?
La piel del niño sano es suave y mejor hidratada que la del adulto así que no precisa cuidados especiales sino limitarse a la higiene diaria de la cara y de las manos, con una emulsión limpiadora tipo syndet (sin jabón) y un paño fino, al menos, cada vez que se alimente, para eliminar los restos de comida que facilitan las infecciones e irritaciones sobretodo alrededor de la boca.
El baño diario de inmersión en bañera se iniciara a partir del momento que el ombligo haya cicatrizado y caído. El baño es un momento no solo de limpieza, sino muy especialmente juego y relajación donde el niño se siente acariciado delicadamente por sus padres o cuidadores, se debe utilizar un dermolimpiador tipo syndet (el dermatólogo le indicara cual es el mejor para la piel de su bebe) y el agua debe estar a una temperatura adecuada y agradable de 36-38ºC, nunca usar agua fría porque los bebes son muy sensibles a las bajas temperaturas pudiendo causar una hipotermia ni tampoco muy caliente pudiendo ocasionar quemaduras. Al terminar el baño la habitación también debe tener una temperatura media entre 23 y 24 ºC. Hay que evitar que el agua penetre en los oídos y en los ojos. Hay que proceder a secar con una toalla con ligera o ninguna fricción, mejor es pequeños toques. Al terminar de secarlo debe hacerse una costumbre el colocarle crema hidratante (el dermatólogo le indicara cual es la mejor según el tipo de piel de su bebe. Con un baño diario es suficiente y este no debe ser muy largo.
Las uñas del niño son delgadas pero crecen rápidamente por lo que además de la limpieza con el baño se deben cortar o mejor limar (para evitar accidentes) regularmente.
Los jabones del baño, pueden ser sólidos o líquidos son igualmente buenos y dependerá de su gusto pero deben ser jabones sintéticos (Syndets),que tienen las ventajas de tener un pH neutro-ácido optimo, no tienen cáusticos por lo que tienen gran tolerancia y no irritan la piel. En los niños con piel atópica o sensible, los baños con avena coloidal o sus derivados son los más adecuados, por su capacidad de limpieza sin irritar y de hidratar la piel.
Los niños no necesitan perfumes (el niño no tiene glándulas apocrinas activas y no huele mal) pero sin duda, no se convence a la mayor parte de las madres y si usted lo cree necesario y el niño no es alérgico ni atópico, después del baño utilice una colonia pero que sea muy suave, de escaso o ningún grado alcohólico, evitando el contacto directo con la piel, es decir, aplicándola preferentemente en la ropa o sobre el cabello.
La frecuencia de cambio de los pañales no es rígida y dependerá de cada bebe lo importante es que el niño no esté mojado, es decir cambiarlo cada vez que el pañal se ensucie. Los pañales desechables, actualmente en su mayoría son confeccionados con capas de celulosa y materiales de gran potencia absorbente y recubiertos de plástico impermeable, pero presentan el inconveniente de la retención de los líquidos en contacto con la piel y del aumento de la temperatura local, esto propicia las infecciones, por eso debe escogerse el pañal adecuado para cada sexo y edad y cambiarlo frecuentemente.
En cada cambio de pañales, se procederá a la limpieza de la zona con agua y jabón syndet y una esponja suave exclusiva para ello, cuidando de limpiar meticulosamente la zona perianal y genital y no olvidando los pliegues, para secar cuidadosamente toda la zona, con especial atención a los pliegues y utilizando igualmente una toalla exclusiva para esta higiene. Luego se pondrá en la zona del pañal una crema protectora que contenga oxido de zinc.
LA DERMATITIS ATOPICA: UNA ENFERMEDAD FRECUENTE EN LOS NIÑOS
La Dermatitis Atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, de causa desconocida y muy pruriginosa, que se suele acompañar de manifestaciones respiratorias, como rinitis y/o asma, de origen alérgico.
Es una enfermedad que afecta todas las razas, siendo más frecuente en la raza negra, su presentación es cosmopolita y más frecuente en zonas urbanas; se observa por igual en ambos sexos. Según diferentes casuísticas, del 5 a 15% de la población general padece de Dermatitis Atópica y ocurre en un 12% de la consulta de dermatología pediátrica; la prevalencia de esta enfermedad tiende al aumento, aunque en nuestro país no se cuenta con datos epidemiológicos precisos.
Es diagnosticada principalmente en la edad pediátrica, en Estados Unidos, la prevalencia es del 10 al 12% con ligero predominio en mujeres. La persistencia en la pubertad es de un 10 a 15% y el desarrollo de asma en estos niños es del 10 al 20%.
La Dermatitis Atópica o eccema alérgico, se expresa clínicamente con prurito y otras manifestaciones de hiperreactividad cutánea. El prurito -sensación de picor- es el hallazgo más patente y el síntoma dominante. Su intensidad es tal que puede provocar alteraciones en el sueño, irritabilidad y cierto grado de stress que afecta a los pacientes y al entorno familiar. Las lesiones cutáneas, consecuencia en parte del rascado, tienen una distribución característica, dependiente de la edad, y del estadío de la enfermedad. En los niños pequeños estas lesiones aparecen sobretodo en la cara y en las superficies extensoras de brazos y piernas codos y rodillas-, mientras que en niños mayores y adultos las zonas implicadas son las zonas flexoras de extremidades, cuello, muñecas y tobillos. La enfermedad puede evolucionar de forma muy variable según los casos. En algunos pacientes puede llegar a desaparecer espontáneamente en la pubertad y en otros puede permanecer durante toda la vida, con periodos de mejoría y periodos de reagudización.
Para el correcto tratamiento de la Dermatitis Atópica, una enfermedad tratada por alergólogos y dermatólogos, es importante conocer la evolución natural de la enfermedad en cada paciente así como los factores desencadenantes. La sensibilización a algunos alimentos empeora el curso de la enfermedad y el contacto de la piel con ácaros del polvo o pólenes puede reactivar el cuadro clínico. En consecuencia, el tratamiento estará dirigido a evitar los alérgenos, limitar la sequedad de la piel, controlar el prurito mediante antihistamínicos y tranquilizantes, tratar con antibióticos la sobreinfección que frecuentemente se asocia a las lesiones y a combatir la inflamación con cremas de corticoides o inmunosupresores.